lunes, 24 de abril de 2017

APOGEO Y DECADENCIA DEL PRIMERO DE MAYO

París, 1 de Mayo de 1918.

Por Ángel J. Cappelletti

Cuando el Congreso internacional reunido en la sala Pétrelle de París, entre el 14 y el 20 de julio de 1889, decidió organizar cada año «una gran manifestación internacional… en todos los países y ciudades a la vez», con el objeto de lograr la jornada de ocho horas, fijó ya como fecha para la misma el 1º de Mayo. Tenía en cuenta, al hacerlo, que la «American Federation of Labor», en el Congreso celebrado en San Luis, en diciembre de 1888, había adoptado esa fecha para una manifestación análoga.

Pero, como bien hace notar Dommanget, en «la célebre resolución del Congreso de París que, hablando con propiedad, es el acta de bautismo del 1º de Mayo internacional, no se hace en absoluto cuestión de fiesta, sino de manifestación». Se trataba, en efecto, de presionar a los poderes públicos y de exigir una reivindicación esencial para la clase obrera. En un artículo famoso y muchas veces citado de Jules Guesde sobre los orígenes del 1º de Mayo tampoco se mencionaba para nada la palabra «fiesta»: se hablaba, más bien, de manifestación, impulso, imitación.

Los anarquistas, que habían protagonizado el movimiento por las ocho horas en los Estados Unidos y que habían dado la sangre de los mártires, no tenían una opinión unánime sobre la participación en las jornadas del 1º de Mayo. Todos convenían, sin embargo, en aquellos momentos aurorales, en repudiar la idea de «fiesta» para ese día. El Pére Peinard, el famoso remendón libertario, sostenía que «son los cobardes y los frenadores del socialismo quienes han "cortado el chicote al aire protestador y frondoso del 1º de Mayo", ladrando que era la fiesta del proletariado, al mismo tiempo que procesionaban ante los poderes públicos» (M. Dommanget, 1º de Mayo ¿fiesta del trabajo o día de la lucha emancipadora?, México, 1977, págs. 159-160).

Pero no fueron sólo los anarquistas sino también la inmensa mayoría de los socialistas quienes rechazaron al principio la idea de convertir el 1º de Mayo en fiesta del trabajo. Las razones de tal rechazo, que duró por lo menos hasta la Primera Guerra Mundial, son muy comprensibles. Una fiesta significa la celebración de un triunfo, el recuerdo de una victoria. Pero la clase obrera, aun después de la conquista de la jornada de ocho horas, estaba lejos de haber triunfado. Si se podía hablar de fiesta no era, en todo caso, sino una fiesta del futuro, para cuando, como escribía Adrien Véber, «el victorioso empuje del socialismo y la instauración progresiva del colectivismo transformarán en una verdadera fiesta este austero aniversario, este acto de fe revolucionaria y de comunión internacional» (citado por Dommanget).

Algún historiador superficial podría imaginar hoy, leyendo los periódicos socialistas y anarquistas de la época, que tal oposición a celebrar una fiesta del trabajo y del trabajador obedecía a un escrúpulo del revolucionarismo doctrinario o constituía una mera formalidad protocolar. Basta con recordar, sin embargo, para aventar tan ligeras suposiciones, que quienes pretendían instituir el Primero de Mayo como fiesta internacional del trabajo eran nada menos que los personeros de la burguesía y representantes oficiales y oficiosos del gobierno. Nada más conveniente para ellos, sin duda, que convertir la fecha en una celebración poética o, mejor aún, en una concelebración de la naturaleza primaveral y del trabajo humano. Nada mejor que los cánticos jocundos y las guirnaldas de flores para exaltar la concordia de clases y la armonía social. No olvidaban éstos que ya los romanos habían celebrado el 1º de Mayo como festividad de las flores y de los cereales, ni, por otra parte, que en Australia el reformismo obrero había logrado, desde 1855, la jornada de las ocho horas, por lo cual celebraba la fiesta del trabajo en fecha próxima, esto es, el 21 de abril.

El movimiento obrero internacional y particularmente los anarquistas se negaron rotundamente a cohonestar este fraude y a colaborar con la domesticación de una fecha que había sido y quería seguir siendo clasista y revolucionaria.

Sin embargo, lo que no podía ser una «fiesta» de la armonía social y una celebración de la paz de los esclavos con el amo benévolo, se transformó pronto en algo más que una movilización por las ocho horas. Adquirió un significado trascendente al unirse al recuerdo fervoroso de los mártires de Chicago y llegó a ser día ecuménico de los trabajadores en lucha y, si así pudiera decirse, también «fiesta» de la sangre y del sudor del pueblo, más parecida por eso a una conmemoración religiosa que a una efemérides nacional o a un cumpleaños del gobierno.

Como tal se celebró, durante muchos años, en la mayoría de los centros obreros de Europa y de América, desde París a Buenos Aires y desde Río de Janeiro a Berlín. Y no dejó de presenciar, a través de los años, la caída de nuevas víctimas de la represión policial. Así, para citar sólo dos ejemplos de países muy distantes entre sí, en Fourmies, Francia, en 1891, las fuerzas policiales dispararon sobre una multitud desarmada y pacífica y dieron muerte a varios hombres, mujeres y niños; en Buenos Aires, Argentina, en 1904, durante la manifestación convocada por la Federación Obrera Argentina [FORA a partir de 1904, FOA entre 1901-1904], un obrero resultó muerto y otros quince heridos (cfr. Iaacod Oved, El anarquismo y el movimiento obrero en Argentina, México, 1978, pág. 337 ss.).

Tuvo el 1º de Mayo, por otra parte, sus oradores, sus dramaturgos y sus poetas. Charles Gros, Etienne Pédron, Clovis Hugues, Olivier Souetre y Gastón Couté (que cantó en argot parisino al día de los trabajadores) en Francia; Emil Szepansky y Ernst Fischer, en Alemania; Amedeo Vannucci, Pietro Petrazzani y Pietro Gori (autor de un esbozo dramático donde se canta un himno proletario con la música del Nabucco de Verdi) en Italia, fueron algunos de los vates populares de la fecha proletaria. Inclusive un escritor célebre en los círculos literarios de su época, Edmundo de Amicis, el autor de la universalmente conocida y traducida novela Cuore, escribió sobre el 1º de Mayo, exhortando, un tanto ingenua y sentimentalmente, a los capitalistas a unirse al socialismo (cfr. M. Dommanget, El 1º de Mayo en la canción y la poesía populares, México, 1977, pág. 193-226).

Sin embargo, poco a poco, el espíritu combativo que floreció en mártires y en poetas, se fue desgastando en las grandes masas obreras.

Con la domesticación de los sindicatos, ya sea por la complicidad del voto (que eleva a sus dirigentes al parlamento), ya por la implacable maquinaria del partido único y del Estado omnipotente, el 1º de Mayo comenzó a perder su significado prístino de manifestación internacionalista y clasista, de rememoración dolorida, pero combativa, del martirio de Chicago.

En algunos países, que dejaron de celebrar la fiesta del trabajo el 19 de marzo, día de San José, para trasladarla al Primero de Mayo (de acuerdo con el criterio de la clase obrera), la fecha se sigue celebrando con misas y tedéums. En otros, da lugar a desfiles marciales, bajo la paternal mirada de los nuevos amos. En otros, en fin, el 1º de Mayo es recordado en programas de radio y televisión, ocupa las columnas de la prensa burguesa y ocasiona piadosas congratulaciones en las cámaras legislativas y en las centrales patronales.

Todo esto comporta una tergiversación que podría considerarse cómica, si no tuviera mucho de trágica. Dijo muy bien el anarquista gallego Ricardo Mella: «Los años siguientes al bárbaro sacrificio (de los mártires de Chicago) se luchó valientemente; la huelga general ganó las voluntades y cada 1º de Mayo se señaló por verdaderas rebeldías populares. Los aldabonazos de la violencia repercutieron terroríficos en diversas naciones. Y a través de este periodo heroico, las ideas de emancipación social han adquirido carta de naturaleza en todos los pueblos de la Tierra. No espantan ya a nadie las ideas socialistas o anarquistas. De ellas andan contagiadas las mismas clases directoras. En sus bibliotecas hay más libros sediciosos que en las casas de los agitadores y de los militantes del obrerismo revolucionario. Y acaso también en los cerebros de aquéllos, más gérmenes de revueltas y de violencia que esperanzas en los corazones proletarios. Ha pasado la época heroica. Se ha falseado el significado del 1º de Mayo. Se lo ha convertido en un día ritual, de culto, de idolatría. La liturgia socialista no sabe pasarse sin iconos, sin estandartes, sin procesiones» (R. Mella, La tragedia de Chicago, México, 1977, pág. 136).

¿Puede volver el 1º de Mayo a conquistar su sentido originario? Evidentemente no, mientras el movimiento obrero no deje de ser un apéndice de los partidos políticos o un servil instrumento del Estado, mientras no logre enfrentar de nuevo (con otros métodos, pero con el mismo espíritu de los primeros años) al avasallante capitalismo de las transnacionales y al letárgico capitalismo de Estado, que gusta disfrazarse de socialismo.


sábado, 15 de abril de 2017

REEDICIÓN REVISTA 'AMOR Y RABIA', 10: «CARTAS DESDE LA CÁRCEL»

El presente número que hemos reeditado fue publicado hace más de 20 años, el 7 de mayo de 1996. Los textos que contienen fueron parte de la campaña de protesta de los presos FIES contra el entonces nuevo Codigo Penal, llamado «de la Democracia». A pesar de tal nombre —o precisamente por ello, teniendo en cuenta que hablamos de una democracia pactada con los responsables de una dictadura: transición no supone ruptura— el nuevo Codigo Penal fue mucho peor, duro y represivo que el anterior, que había estado vigentes bajo el Franquismo. Es la consecuencia de la gran traición de la Transición, que selló las derrotas de la Guerra Civil española y de la Revolución del 36.

O, también, para recibirlo en formato PDF basta con solicitarlo a nuestra dirección email:
colectivo.editorial.ayr@gmail.com





sábado, 8 de abril de 2017

REVISTA 'AMOR Y RABIA', 69: «BAKUNIN CONTRA MARX»

Ahora que puede verse en el cine la película "El joven Marx" no está de más recordar los parecidos y diferencias de Marx y Bakunin, que personalizaron la división en el seno del movimiento obrero entre autoritarios y antiautoritarios. Una característica especial de este número es que es una transcripción casi íntegra del número 3 de Papiertiger (Tigre de papel), revista hermana editada por un miembro de Amor y Rabia que se trasladó a vivir a Alemania.

Debido a la importancia de este año en el que se celebra el aniversario de la Revolución rusa, esta es la primera publicación de varias que irán apareciendo a lo largo del año relacionadas con el marxismo.

Respecto al texto mismo, recomendamos a quien quiera profundizar en el tema del enfrentamiento entre Marx y Bakunin el libro de Abel Paz "Los internacionales en la Región española". Otro libro aparecido recientemente en Alemania obra del autor Wolfgang Eckhardt, "Michael Bakunin Ausgewählte Schriften, Band 6: Konflikt mit Marx" es también fundamental, al demostrar en una investigación documentadísima (más de 1000 páginas) que el enfrentamiento en el seno de la Internacional no era entre Marx y Bakunin, sino entre Marx y otros destacados personajes de la Internacional que se negaron a aceptar el caudillismo de Marx.

viernes, 31 de marzo de 2017

REEDICIÓN REVISTA 'AMOR Y RABIA', 35: «IRRACIONALISMO»

El presente número que hemos reeditado fue publicado hace 20 años, el 15 de marzo de 1997. El texto fue escrito por Ernesto Mila y aparecido originalmente en la revista El Viejo Topo en octubre de 1996. 




Descripción de la Fundación Salvador Segui: Bajo la denominación de New Age se agrupan una diversidad de prácticas religiosas, terapeúticas, culturales, políticas, etc. El estudio de corte crítico incluye un glosario de la New Age y nombres propios de la «Nueva Era», así como diversos gráficos de su evolución en el siglo XX.



domingo, 26 de marzo de 2017

REVISTA 'AMOR Y RABIA', 68: «AMOR PLATONICO»

En este nuevo número de la revista AMOR Y RABIA publicamos la «Historia sin palabras» (Geschichte ohne Worte), de Frans Masereel. No es esta la primera vez que Masereel se pasea por las páginas de nuestra revista: hace veine años (¡veinte años!) publicamos «La Idea» en el Número 43 (1 de noviembre de 1997). Estas xilografías, un antecedente del cómic, fueron publicadas por primera vez en 1920 y reeditadas en 1927, con una introducción de Max Brod, el amigo y editor de Kafka.


Muchos artistas han imitado la falta de compromiso social de Andy Warhol, que prefería dibujar latas durante la década de los 60 en lugar de formar parte de las protestas contra la agresión americana a Vietnam. Masereel era justo lo contrario: pacifista convencido, se exilió en Suiza a comienzos de la Primera Guerra Mundial para evitar ser movilizado, instalándose en Ginebra. Entre 1916 y 1919 publicó, junto al anarquista Claude Le Maguet, la revista pacifista Les Tablettes, y en paralelo se dedicó a denunciar la locura militarista. Posteriormente, tras la Revolución Rusa, se posicionó con claridad a favor de la Unión Soviética y participó en numerosas actividades de signo pacifista y antifascista.

El 3 de enero de 1970, a los 83 años de edad, Frans Masereel dejó de herencia al mundo su obra y sus ideas, «Si alguien desea resumir mi obra en pocas palabras», comentaba, «puede decir que está dedicada a los atormentados y dirigida contra torturadores en todos los ámbitos de la vida social y espiritual. Que habla a favor de la fraternidad de la humanidad y en contra de todos cuyo objetivo es poner a las personas en conflicto entre sí. Se dirige a los que desean la paz y da la espalda a los belicistas».

Portadas de la primeras ediciones alemana
y francesa de HISTORIA SIN PALABRAS (1920)

La obra de Masereel ha logrado sobrevivir a la explosión creativa del período de entreguerras, previo al apocalipsis fascista que se fue fraguando de manera paralela y desembocaría en la Segunda Guerra Mundial. Conocidos autores contemporáneos han dejado constancia de su admiración por la obra de Masereel: Thomas Mann, que escribió el prologo para Mon livre d’heures (Mi libro de horas, 1919), cuando le preguntaron que película de todas las que había visto, le había conmovido mas, contesto precisamente Mon livre d’heures. Y Stephen Zweig escribió sobre el autor: «Si todo desapareciera, todos los libros, las fotografías y los documentos, y solo nos quedaran los grabados que ha creado Masereel, a través de ellos tan solo podríamos reconstruir nuestro mundo contemporáneo» Además de respeto, el arte de Masereel daba miedo, por lo que sus obras fueron prohibidas por el régimen nazi.

Con este número volvemos a tratar el tema del amor, tan importante como complejo, que ya tocamos en el Número 16, «Contra el Amor» .
 


sábado, 18 de marzo de 2017

REEDICIÓN REVISTA 'AMOR Y RABIA', 39: «CONTRA LA PSIQUIATRÍA»

El presente número que hemos reeditado fue publicado hace 20 años, el 28 de marzo de 1997. Por desgracia -y por las prisas- este número tuvo varios errores de maquetación que hacían dificil el poder entender algunos pasajes del texto. Para esta reedición hemos correjido esos errores. 







jueves, 16 de marzo de 2017

SOCIALISMO ENTRE COMILLAS

 Ya que en este año conmemoramos el Centenario de la Revolución Rusa de 1917, os pongo un texto (de 1921) que refleja lo que supuso la toma del poder ruso por los bolcheviques... Luego vendrían Stalin, la Guerra Fría, el Pacto de Varsovia, etc., hasta su final en 1991.

El 16 de marzo de 1921 (poco antes del último asalto que pondría fin a la rebelión de marinos, soldados rojos y obreros de la revolucionaria Kronstadt) salía publicada en el IZVESTIA de Kronstadt este artículo titulado: «SOCIALISMO ENTRE COMILLAS», redactado por el Comité Revolucionario Provisional que encabezaba la rebelión de esta ciudad-fortaleza (base naval de la Flota del Báltico) en la isla de Kotlin, a unos treinta kilometros al oeste de Petrogrado, en el golfo de Finlandia. Isla de larga trayectoria revolucionaria que se amotinó entonces contra el poder bolchevique (previamente lo hizo contra el zarismo y el Gobierno Provisional burgués) defendiendo totalmente el original lema revolucionario de «Todo poder para los soviets», lema traicionado por Lenin y sus secuaces en el Gobierno (que hipócritamente se llamaba Soviet de los Comisarios del Pueblo).

Tras tres años de guerra civil, la imposición del llamado 'Comunismo de Guerra' y las carencias de existencias provocó sucesivas revueltas campesinas en el país y las huelgas generales de trabajadores en Moscú y Petrogrado, duramente reprimidas por «el gobierno de obreros y campesinos» de la llamada «patria del socialismo». La población de la isla-fortaleza se sumó a la protesta  —foco de fuerte tradición rebelde y de muchos motines antiautoritarios, hasta Trotski (el gran verdugo) llegó a denominarla «el orgullo y gloria de la revolución»y estableció durante un tiempo un soviet libre, que terminó duramente reprimido por el Ejército Rojo, después de una lucha sangrienta y encarnizada. Un reflejo más de lo que Lenin y Trotski sembraron y después cosechó Stalin y los que le siguieron al frente de la URSS...
Helsinki, verano de 1918, marinos de Kronstadt
durante la guerra civil finlandesa.


Al hacer la Revolución de Octubre los marinos y los soldados rojos, los obreros y los campesinos vertieron su sangre por el poder de los soviets, por la creación de una República de trabajadores. El partido bolchevique prestó estrecha atención a las actitudes de las masas. Al inscribir en su bandera seductoras consignas que agitaron a los trabajadores, logró atraerlos a su campo y les prometió conducirlos a un brillante reino del Socialismo, que sólo los bolcheviques sabían cómo erigir.

Naturalmente, una alegría sin límites se apoderó de obreros y campesinos. «Por fin la esclavitud que hemos soportado bajo el yugo de los terratenientes y los capitalistas se está transformando en una leyenda», pensaron. Parecía que hubiera llegado la época del trabajo libre en los campos, fábricas y talleres. Parecía como si todo el poder hubiera pasado a manos de los trabajadores.

La habilidosa propaganda llevó a los hijos del pueblo trabajador a integrar las filas del partido, donde fueron aherrojados por una severa disciplina. Luego, cuando los comunistas se sintieron suficientemente fuertes, primero desalojaron del poder a los socialistas de otras tendencias; después apartaron a los obreros y campesinos mismos del timón de la barca del Estado, mientras continuaban gobernando el país en su nombre. Los comunistas sustituyeron ese poder que usurparon por el dominio arbitrario de los comisarios sobre el cuerpo y el alma de los ciudadanos de Rusia soviética. Contra toda razón y contra la voluntad de los trabajadores, comenzaron a construir tenazmente el socialismo de Estado, con esclavos en lugar de trabajadores libres.

Luego de desorganizar la producción bajo el sistema de «control por los obreros», los bolcheviques procedieron a nacionalizar las fábricas y talleres. Los trabajadores se transformaron de esclavos de los capitalistas en esclavos de las empresas estatales. Pronto esto no fue suficiente, y entonces planearon introducir el método de trabajo acelerado al máximo: el sistema de Taylor. Todo el campesinado trabajador fue declarado enemigo del pueblo e identificado con los kulaks (campesinos ricos). Con gran energía los comunistas se dieron a la tarea de arruinar a los campesinos, ocupándose ellos mismos de crear granjas estatales (las estancias del nuevo terrateniente, el Estado). Esto es lo que los campesinos han recibido del socialismo de los bolcheviques en lugar del libre uso de las tierras que acababan de conquistar. A cambio del cereal incautado y las vacas y caballos confiscados, recibieron incursiones de la Cheka y pelotones de fusilamiento. ¡Excelente sistema de intercambio en un Estado de trabajadores: plomo y bayonetas por pan!

La vida de los ciudadanos se volvió desesperadamente monótona y rutinaria. Uno vivía de acuerdo con las tablas cronológicas fijadas por la autoridad que correspondiera. En lugar del libre desarrollo de la personalidad individual y de una vía de trabajo libre, surgió una esclavidtud extraordinaria y sin precedentes. Todo pensamiento independiente, toda crítica justa a los actos de los gobernantes criminales se transformaron en un delito castigado con la prisión, y a veces incluso con la ejecución. En una «sociedad socialista» comenzó a florecer el castigo capital, esa profanación de la dignidad humana.

Tal es el brillante reino del socialismo al cual nos ha llevado la dictadura del Partido Comunista. Hemos obtenido el socialismo de Estado con soviets de funcionarios que votan obedientes de acuerdo con los dictados del Comité Central del partido y sus infalibles comisarios. El lema «quien no trabaje no comerá», fue distorsionado por el nuevo orden «sovietico» y transformado en «todo para los comisarios». Para los obreros y campesinos y la intelligentsia trabajadora sólo queda el trabajo descolorido y sin descanso en un ambiente carcelario.

La situación se ha vuelto intolerable, y Kronstadt Revolucionaria fue la primera en romper las cadenas y los barrotes de hierro de esta prisión. Está luchando por un tipo diferente de socialismo, por una República Soviética de trabajadores, en la cual el productor mismo será el único dueño y podrá disponer de sus productos como le parezca adecuado.

IZVESTIA
16 marzo 1921

viernes, 10 de marzo de 2017

REVISTA 'AMOR Y RABIA', 67: «EL HOMBRE QUE FUE JUEVES»

El texto que aquí presentamos no puede considerarse anarquista en modo alguno: su autor, Chesterton, años más tarde se convirtió al catolicismo, y en el texto mismo se cuestiona la ideología anarquista. Al mismo tiempo se muestra como es el mismo Estado el que, con la excusa de combatir el terrorismo, se infiltra en los grupos terroristas y los acaba dirigiendo.

Es este un tema de permanente actualidad: en EEUU, por ejemplo, según Human Rights Watch, en casi todos los casos de terrorismo islamista había infiltrados del FBI, hasta el punto de ser imposible distinguir si estaban infiltrados para impedir atentados o para que se llevaran a cabo; en Alemania, la red terrorista neonazi NSU estaba trufada de infiltrados y colaboradores de la policía y los servicios secretos, los cuales se han dedicado a destruir documentación relacionada con el caso cuando ha salido a la luz; y recientemente se ha descubierto en España el montaje policial de una supuesta «célula islamista» inventada por un confidente.

Todo esto no son meras chapuzas, sino la punta de un iceberg. Varios ejemplos demuestran el uso del terrorismo por el estado como herramienta contra la izquierda: en EEUU, el programa Cointelpro del FBI y la Operación MHCHAOS de la CIA consistían en la infiltración de las organizaciones de izquierda para destruirlas por dentro favoreciendo tendencias extremistas; en Europa, la Red Gladio de la OTAN impulsó la «estrategia de la tensión», que consistía en la creación y/o manipulación de grupos terroristas de extrema izquierda y derecha para crear un clima de guerra civil larvada que lograse desmobilizar a la población o, en caso contrario, justificase la puesta en marcha de un golpe de Estado, como ocurrió en Chile en la última etapa del gobierno de Salvador Allende.


Un detalle curioso: este libro fue publicado a comienzos de 1908, poco antes de los escándalos Rull y Azeff, hoy (desgraciadamente) olvidados, y que confirmaron que lo que había escrito Chesterton era una trágica realidad. El escándalo de la red terrorista de Joan Rull destapó cómo la burguesía clerical catalana, con el apoyo de tres gobernadores civiles, se dedicaron a sembrar bombas en Barcelona durante años para utilizarlo como excusa para reprimir el anarcosindicalismo. Un ex-agente de Scotland Yard, Charles John Arrow, fue contratado para investigar quién estaba detrás de los atentados y confirmó la autoría patronal/estatal del «terrorismo anarquista», lo que dio lugar al proceso y ejecución de Joan Rull, el organizador, en agosto de 1908.

Meses más tarde, en noviembre, el Partido Social-Revolucionario ruso descubrió que el jefe de su Organización de Combate, Azef, responsable de asesinar a Pleve, ministro del Interior, y al Gran Duque Sergio, era un infiltrado de la policía secreta rusa. En este caso, Azef era un peón en una lucha de poder en la cúpula del poder zarista, que enfrentaba al primer ministro Witte y su intento de industrializar Rusia con sectores de la aristocracia favorables a un imperialismo paneslavista aliados con Inglaterra.

Sirva este texto como entretenimiento, pero también como aviso, para recordarnos que el Estado está dispuesto a todo para aplastar cualquier disidencia.



martes, 7 de marzo de 2017

CICLO DE MUJERES ANARQUISTAS-EMMA GOLDMAN


«Habrán dado al mundo el primer ejemplo histórico de cómo se debe hacer la revolución»
Frase de Emma Goldman referente a las colectivizaciones de CNT en 1936-37
2 marzo 2017

Emma Goldman nació en Lituania, pero emigró a Estados Unidos en busca de la libertad, huyendo de un matrimonio acordado por su padre a los 15 años de edad.

Los acontecimientos acaecidos durante la jornada del 1 de mayo de 1886 y los Mártires de Chicago la hicieron ver con claridad sus ideales, marcando el comienzo de una vida dedicada a defender la ideología anarquista.

Escritora y gran defensora de la emancipación de la mujer. Emma divulgaba propaganda por la defensa de las mujeres, el amor libre y los métodos anticonceptivos.

Fue detenida y encarcelada en varias ocasiones por sus ideas anti-autoritarias.

Viajera imparable, volvió a Rusia sumándose a la sublevación anarquista de Kronsdat, época en la que escribió una crítica al movimiento comunista, titulada: Mi desilusión con Rusia.

Visitó España en tres ocasiones (1936-1937-1938) donde se solidarizó con la lucha de CNT, simpatizando con Federica Montseny. Entre sus muchas obras se encuentra una carta que escribió después del asesinato de Buenaventura Durruti, Durruti ha muerto, pero todavía vive y Visión en llamas, un relato sobre la Revolución social española.

El 14 de mayo de 1940, muere en Toronto (Canadá), pero el país no permite que sea enterrada por ser considerada una mujer peligrosa por lo que finalmente acabó siendo trasladada a Chicago. Su sepultura se encuentra situada en el mismo cementerio donde están enterrados los asesinados de Haymarket

domingo, 26 de febrero de 2017

REEDICIÓN DEL NÚMERO 38 DE 'AMOR Y RABIA'


En mayo de 1997 publicamos en el número 38 de nuestra revista otro comic (del año 1979) sobre la historia de la CNT. En realidad, aunque esté ambientado en el primer tercio del pasado siglo XX, compañeros del sindicato de Seguros de Barcelona lo dibujaron para dar a conocer esta parte de la historia desconocida por la gran mayoría de la población (y más tratándose de aquellos años de la Transición posfranquista), «y porque pensamos también que ya empieza a ser hora de que la historia, la verdadera historia, empiece a escribirla sus protagonistas: los que mueren en las guerras, los que sostienen los países, los que construyen para el disfrute de los poderosos, en resumen, por los trabajadores», como así nos lo explicaron los compañeros en su Prólogo, que también añadimos.

El comic abarca desde el año anterior a la fundación de la CNT, con la Semana Trágica y Ferrer, así como afectaron a España sucesos internacionales como la Gran Guerra (la Primera Guerra Mundial) y la Revolución Rusa. Como también la gran Huelga General de 1917 o la de 'La Canadiense' (con esta ultima se consiguió imponer la jornada de ocho horas diarias en este país), los años del pistolerismo de la patronal y la dictadura de Primo de Rivera. Y lo que nos decían los compañeros autores del comic en su momento:

«No nos mueve un fin lucrativo, sino el ánimo de llevar la verdad a todos de la historia que hacemos cada día, esa verdad tantas veces callada y manipulada por no interesarle a los que detentan el poder...»

Este número lo tenéis disponible - en formato PDF - en esta dirección:



https://twitter.com/Revista_AyR/status/835198543367389189

sábado, 18 de febrero de 2017

CENTENARIO DE LA REVOLUCIÓN TRAICIONADA

 
Toda rebelión popular contra el poder establecido genera inevitablemente una mitología propia que posteriormente será manipulada por la nueva casta de gobernantes que surja tras dicha rebelión para legitimar su dictadura. Pero además de servir para perpetuar las jerarquías, el mito sirve también para recordar a la adormecida consciencia popular la debilidad intrínseca a todo poder, mostrando la fuerza de la resistencia del pueblo, manifestada durante la rebelión, manteniendo así vivo su recuerdo en la memoria colectiva. De esta forma, al mito de los caballeros medievales opuso el pueblo el de los salteadores de caminos que, al estilo de Robin Hood, robaban a los ricos (los caballeros) para dárselo a los pobres (el pueblo). En la península Ibérica este mito tomó cuerpo en la figura de Don Quijote, el cual, al mismo tiempo que ridiculizaba la infantil creencia en la existencia de héroes individuales que, al estilo del «príncipe azul». Liberarían al pueblo de sus cadenas (atacando así incluso al mito de Robin Hood), mostró también cómo la existencia de la humanidad, bajo los diversos tipos de explotación, se debate entre una vida gris, monótona y sin sentido, por un lado, y una defensa a ultranza de la libertad y la justicia, por otro lado. Si bien la definición concreta de los conceptos de libertad y justicia, en su práctica, cambian con el paso del tiempo, conservan su fuerza y su misma razón de ser en su búsqueda constante y sin resultado definitivo, tal y como ocurre, en la leyenda, con el mítico Grial (¿O acaso alguien cree en que sea posible lograr algún día un grado de libertad que pueda ser considerado absoluto y que, al mismo tiempo, conviva con la contradición que suponen los acuerdos necesarios para el funcionamiento de cualquier tipo de sociedad?).

La Revolución Rusa ha sido, sin duda, el mayor mito del siglo XX, el cual, tras haber nacido de una rebelión popular de una escala e intensidad desconocida hasta entonces en la historia de la humanidad, una vez restablecido el poder en Rusia fue utilizado como traje de gala por la nueva jerarquía en el poder. Esta situación no durará mucho: la rebelión de Kronstadt [o la guerrilla majnovista], aunque rápidamente aplastada, será el grito de rabia del pueblo, que denunciará la realidad de la misma forma que el niño de la fábula gritó ¡El rey está desnudo!, eliminando todo intento de legitimar a los nuevos amos. Desde entonces, el poder ha intentado acallar este grito por todos los medios a su alcance. Vana pretensión: rodo sistema de dominación lleva en sí inmerso el germen de la rebelión, y la dictadura bolchevique no pudo escapar a esta situación, tal y como ocurrió a sus antecesores, y el mito de la revolución bolchevique se ha resquebrajado, de la misma forma que un cadáver se pudre inevitablemente con el paso del tiempo.

Tras morir como mito popular, el bolchevismo murió por segunda vez, al ser incapaz de perpetuarse como sistema de dominación a partir de su aparente invencibilidad (debida, en gran parte, al propio tamaño de la URSS). La libertad, en cambio, sigue y seguirá vigente, ya que más que una idea es un sentimiento de resistencia a toda imposición y, sobre todo, es el medio por excelencia mediante el cual la vida se defiende contra todos los intentos de dominarla reglamentándola. Nosotros, como ocurrió ayer en Kronstadt [o en el sudeste de Ucrania] y como ha ocurrido siempre desde que la humanidad es, seguiremos luchando contra toda autoridad, por la libertad. Por la anarquía.

AMOR Y RABIA

Este texto [con algún añadido] fue la presentación de un antiguo número de nuestra revista AyR, y nos sirve, aún hoy día, para referirnos a lo que fue la Revolución Rusa. Este episodio histórico supuso uno de los más importantes y estuvo entre los de mayor transcendencia del pasado siglo XX, o el que más. Como en este año 2017 conmemoramos sus 100 años, para ello a lo largo del año publicaremos algunos textos sobre ello, como también reeditaremos algunos de los viejos números de nuestra revista que dedicamos al evento. Por ejemplo, el año pasado reeditamos en versión dos de los números que dedicamos al tema de la Revolución Rusa y sus consecuencias...

El 15 de marzo del año 1996, en el número 4-bis de AMOR Y RABIA, publicamos el comic (de Épistolier y Volny de 1972) que trata sobre la rebelión de los marinos y obreros de la fortaleza de Kronstadt en el Báltico, que fue duramente reprimida por el Ejército Rojo comandado por el dirigente bolchevique Lev Trotski, bajo el título «Kronstadt, 1921-1996», al que podéis acceder y descargar (¡si lo deseáis!) desde esta dirección:



Y en el número 25, del 21 de septiembre también de 1996, sacamos otro comic (de Spain Rodriguez del año 1975) dedicado a Stalin, bajo el título de «Stalin. Retrato de un bolchevique». Aunque este personaje fuese uno de los dictadores más crueles y siniestros de la Historia, y haya quién le considera el verdadero verdugo de la revolución, en realidad lo único que hizo fue cosechar lo que Lenin y Trotski previamente habían sembrado. También lo podéis conseguir a través de este otro enlace:


lunes, 13 de febrero de 2017

HA MUERTO UN SER HUMANO

GONZALO PUENTE OJEA
21 de julio de 1924 - 10 de enero de 2017

 Por JULIO REYERO

En la madrugada del 10 de enero murió Gonzalo Puente Ojea. Nació en Cienfuegos (Cuba), en 1924, y este diplomático de carrera fue siempre una rara avis de las que están en peligro de extinción. Dedicó mucha parte de su vida a la difusión del ateísmo y a la lucha por combatir la influencia que el poder religioso mantiene en gran medida en nuestra sociedad gracias a la cohabitación entre Iglesia y Estado. Recorrió significativas embajadas, pero quizá su nombramiento más polémico fue el de embajador ante la Santa Sede de 1985 a 1987. Siempre se hace referencia a la polémica de su nombramiento, pero lo verdaderamente polémico fue su destitución al negarse a participar en un acto de homenaje a los religiosos ejecutados por su relación con el bando franquista durante el conflicto de 1936 a 1939. Posteriormente no paró de dar conferencias y participar en tertulias y actos públicos hasta que la edad fue un impedimento. Era evidente que los serviles le sobrevivirían, pero sin su actividad es seguro que nuestro entorno hubiese sido mucho más hostil a la razón. Es autor de más de una veintena de libros, entre los que podríamos destacar su Elogio del Ateísmo (2007), El mito de Cristo (2000), La cruz y la corona. Las dos hipotecas de la Historia de España (2011) o Ideologías religiosas. Los traficantes de milagros y misterios (2013).

En otras ocasiones he conocido autores en esta materia por sus libros o sus artículos únicamente, pero esta vez tuve la suerte de cruzar mi camino con el de este hombre en varias ocasiones. La primera vez que lo vi fue durante la conferencia que pronunció en la Casa Revilla de Valladolid en el año 1995 dentro de los actos programados bajo el título de V Semana Cultural Libertaria, organizada por la CNT de la localidad. Simpatizando, pero sin haber comenzado mi vida militante, recuerdo la impresión que me causaron sus palabras sobre la peste religiosa y el respeto con el que un hombre adscrito al republicanismo y que había tenido responsabilidades de Estado trataba al anarquismo organizado y era tratado. Esa negación de las divinidades que planteaba, al igual que por otro lado negábamos la autoridad terrenal (coherencia bakuninista) fue parte de la mochila con la que inevitablemente se acababa dentro del movimiento antiautoritario, y así sucedió en mi caso.

Hubo otros actos suyos a los que asistí, pero la segunda vez que recuerdo con más fuerza fue la invitación que los compañeros de Barcelona me hicieron para participar en un mitin contra la visita de Ratzinger a la Ciudad Condal el 4 de noviembre de 2010. Sin muchas más explicaciones cogí un tren suponiendo que el acto tendría el tamaño al que estamos acostumbrados, en el que un centenar de personas es todo un éxito. Mi sorpresa fue encontrar un acto multitudinario (la Guardia Urbana habló de unas 2.500 personas) que colapsaba la plaza de San Jaime, donde se encuentra el Ayuntamiento, en el que además participaban pesos pesados como Leo Bassi o el propio Gonzalo Puente Ojea. Recuerdo que comparó los pactos de la transición a la democracia, en referencia a la continuidad del Concordato con la Santa Sede, con robarnos la cartera a todos. Una traición más aprovechando el despiste y el miedo para que todo siguiera igual.

El motivo que propició el tercer encuentro al que haré referencia ha sido una de las experiencias más gratificantes que he tenido. Se trató del rodaje de Ouróboros: La Espiral de la Pobreza. No había muchas dudas de que en un documental donde se pusiera en tela de juicio la caridad cristiana, la presencia de Gonzalo Puente Ojea era algo más que un acierto. La buena gente de AMAL (Asociación Madrileña de Ateos y Librepensadores) me puso en contacto con él, y aunque debido a su avanzada edad tuvo dudas, finalmente accedió a participar. En abril de 2014 nos presentamos cuatro personas en su casa y estuvimos casi hora y media grabando todo lo que nos contaba acerca de su vida, y sobre todo de la visión que tenía de la pobreza, el recorte de libertades, la explotación y las desigualdades sociales que asolan este país como tantos otros. Para el documental finalmente solo pudimos usar unos segundos, pero tanto a Rafael Fuentes como a mí nos pareció que propiciaban un comienzo excepcional a la película y esperábamos que sirviese también como un pequeño homenaje a su actitud en la vida y su consecuente obra. Queda grabada en mi memoria la lucidez con la que desde su escritorio hablaba de la importancia de la educación como motor de cambio mientras a su espalda, sobre una inmensa librería repleta de volúmenes, se hallaba una postal con un dibujo del fusilamiento de Francisco Ferrer al grito de «¡Viva la Escuela Moderna!».

Este también era Gonzalo Puente Ojea, a quien lógicamente pocos medios han prestado la atención que merecía en los últimos años y ahora en el momento de su muerte. Estaremos atentos a los actos de homenaje que se le dediquen. Desde aquí nos sentimos cercanos a quienes le querían y le apreciaban y deseamos que su memoria, y a través de ella su trabajo, pervivan como herramienta de transformación social. Seguramente Diógenes hubiese detenido su farol ante la figura de Gonzalo afirmando, por fin, haber encontrado un ser humano.

Nº 343 - FEBRERO 2017

miércoles, 8 de febrero de 2017

EL IMAGINARIO POST(NEO)COLONIAL DE LA DEPENDENCIA AFRICANA

 

TIERRA Y LIBERTAD
Nº 343 - Febrero 2017

El 5 de diciembre de 1992, en la playa de Mogadiscio, el entonces ministro francés de Sanidad, Bernard Kouchner, se hace filmar por las cámaras de televisión de medio mundo mientras baja de un barco de ayuda humanitaria con un saco de arroz a la espalda.

El barco, según el Estado y los medios de comunicación franceses, contiene arroz recogido por los niños franceses. En efecto, durante las semanas precedentes al desembarco se organizó en las escuelas del vecino país una campaña llamada «Arroz para Somalia». Todos los niños franceses fueron a la escuela con uno o dos kilos de arroz para mandar a los niños somalíes. Pero parece que el arroz que llega a las poblaciones hambrientas del Cuerno de África no es el de los paquetes de kilo que se ven en los supermercados. Es el contenido de los habituales sacos de veinticinco kilos de la ayuda alimentaria. En cualquier caso, el Estado francés no necesitaba la colaboración de los niños para llenar de ayudas alimentarias un par de barcos. Solo necesitaba hacer una enorme operación de propaganda para enmascarar una intervención militar tras una intervención humanitaria. Era el inicio de la concepción de «guerras humanitarias».

Esta operación propagandística, y también la figura misma de Bernard Kouchner, son de alguna manera símbolos de la evolución de la imagen de África en el lenguaje político y mediático occidental post(neo)colonial. Médico de formación, Kouchner es el fundador de Médicos Sin Fronteras y de Médicos del Mundo, dos grandes estructuras humanitarias francesas. Viene de la cooperación humanitaria para arribar a la política y convertirse en uno de los paladines principales de «derecho-deber de injerencia». Noción que ha propiciado la casi totalidad de las intervenciones militares de los países de la OTAN desde el final de la Guerra Fría a la actualidad.

Pobrecillos

Tras la independencia de los países africanos se ha trabajado sobre el imaginario occidental (y también africano) la idea de que Occidente en particular, y los países ricos en general (es decir, incluidos países como las petromonarquías árabes, Japón o Corea del Sur) ayudan a África con miles de millones de dólares cada año. A esta imagen de África mendicante, vorágine de ayudas externas y a pesar de que la generosa ayuda de todos va cada vez peor, han contribuido los Estados, la ONU, el sistema bancario, los medios de comunicación y también las agencias de solidaridad internacional. Durante sesenta años, nos han bombardeado con palabras e imágenes de un África que vive a costa del mundo. La imagen del niño africano raquítico invade las pantallas del mundo. En vez del lobo feroz, es el niño de Biafra quien se convierte en el miedo para quien no se quiere acabar la sopa: come si no quieres quedarte como él.

Comienzan las grandes operaciones de «solidaridad», el lanzamiento de comida desde helicópteros, la distribución desde camiones. Comienzan los grandes conciertos de música. Los jóvenes van a los conciertos en Londres, París y Los Angeles. Se divierten un montón y están convencidos de haber hecho un bien a África.

La imagen de África hambrienta nutre cualquier tipo de discurso:

El piadoso de los misioneros: son nuestros hermanos débiles, tienen hambre, ayudadnos a ayudarles.
El de las ONG: son seres humanos como nosotros, no lo consiguen solos, ayudadnos a ayudarles.
El de la ONU: algunos Estados miembros no lo consiguen solos, el Banco Mundial, los Estados más ricos les deben ayudar a desarrollarse.
El del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial: los Estados pobres necesitan préstamos y nuestra asistencia para encontrar una vía de desarrollo.
El de las multinacionales: estamos en África porque ella sola no es capaz de explotar sus riquezas.
Finalmente, con los migrantes, incluso en los ambientes de la extrema derecha xenófoba, crece el discurso de quienes dicen: no deben venir aquí, ayudémosles en su casa.

Todos quieren ayudar a África. La única que parece no querer ayudarse es la misma África.

La realidad que viene excluida de la narración post(neo)colonial es el hecho de que los flujos económicos (legales o sumergidos) de África hacia el resto del mundo son infinitamente superiores a los de las ayudas. No es África la que está en deuda con el mundo, es el mundo el que está en deuda con ella.

Al principio fue la esclavitud

Millones de personas deportadas a la fuerza a las colonias del Nuevo Mundo. Millones llegaron y otros tantos murieron en el camino.

Luego llegó el colonialismo. El continente africano fue dividido entre las grandes potencias del momento: Gran Bretaña y Francia a la cabeza, pero también Portugal, España, Holanda, Bélgica, Alemania e Italia. Y con el colonialismo aparece el fenómeno de la carestía en África. Poblaciones enteras expropiadas de sus tierras, colonos que poseen ellos solos territorios más grandes que sus países de origen (entre ellos el criminal, racista y colonialistas John Rhodes, 1853-1902, que poseía en la parte meridional del continente territorios más grandes que cualquier nación de Europa occidental), introducción del monocultivo (café, caña de azúcar, banana, piña, cacao, caucho) en detrimento de los productos de primera necesidad. Con el colonialismo es como se introduce el mecanismo de la dependencia alimentaria en África. El continente es obligado por la fuerza de las armas a producir cosas que no consume y a consumir cosas que no produce.

Los sistemas sociopolíticos tradicionales son sistemáticamente destruidos incluso con la imposición de fronteras que cortan en pedazos los pueblos africanos. A cambio se instala un sistema político títere y corrupto.

El colonialismo ha muerto, viva el neocolonialismo

Tras las Segunda Guerra Mundial, el colonialismo mundial, bajo prescripción del nuevo amo del mundo, Estados Unidos, es declarado fuera de la ley, y se desencadena un lento proceso de descolonización. Pero las potencias coloniales no pueden renunciar a ese maná celestial que es África. Optan por conceder una aparente independencia política, instituyendo progresivamente un sistema neocolonial que, de hecho, es incluso más despiadado que el orden colonial tradicional, ya que en apariencia los antiguos Estados coloniales no tienen responsabilidad en la explotación inhumana de los recursos y de las personas en los países ahora «independientes».

Cualquier joven político africano que intenta una verdadera vía hacia la independencia es asesinado. Solo Francia ha hecho asesinar al menos a una decena de presidentes legítimos considerados demasiado rebeldes, sustituyéndolos por militares, antiguos informadores de los servicios coloniales, mercenarios y corruptos de toda índole. La lista comienza con Sylvanus Olympio, presidente de la República de Togo, elegido democráticamente y asesinado el 13 de enero de 1963 por el sargento Étienne Eyadema, torturador y asesino al servicio del colonialismo francés apenas volvió de la guerra de Vietnam. Eyadema ha reinado hasta su muerte en 2005, y todavía hoy reina su hijo Faure Eyadema en una República de Togo desangrada por las multinacionales y la mafia en el poder. Este escenario se repetirá en toda África francófona y, con modalidades no muy diferentes, también en las antiguas colonias británicas, belgas, españolas y portuguesas.

Un nuevo tipo de predador llega a la selva africana: la multinacional. El continente es declarado terreno de caza abierto no solo para los amantes de los safaris, sino para todos aquellos en busca de materias primas a bajo coste, y de trabajadores explotables a voluntad.

La extracción de petróleo, gas, minerales y maderas nobles, y el monocultivo, reducen el territorio a una esponja a exprimir sin piedad. Los productos se sacan pero sobre el terreno no queda nada entre contaminación, pobreza, ignorancia, esclavitud y guerras civiles fomentadas. Las élites africanas interpretan su papel y contribuyen no poco a la consolidación de este sistema. Los gobiernos corruptos, a cambio de un pequeño porcentaje transferido a sus cuentas privadas, venden a sus propios países, a sus propios pueblos. Omar Bongo es un ejemplo, puesto en el poder en Gabón por Francia y apodado «Monsieur Diecisiete por ciento». Diecisiete por ciento es el porcentaje que cobra la familia Bango por cada extracción de riqueza natural de Gabón. Hoy está en el poder su hijo, Ali Bongo, gran amigo de Francia. Era el que caminaba abrazado a Hollande en la marcha «Je suis Charlie». La misma Francia que pretende llevar la democracia con las bombas a todas partes… donde haya petróleo.

Y es a estas dictaduras corruptas y violentas a las que el Banco Mundial y los bancos occidentales comienzan rápidamente a conceder créditos multimillonarios. Esto se llama «cooperación para el desarrollo». Yo concedo un préstamo a un Estado del que sé que su clase política es corrupta, ladrona y violenta. El préstamo retorna rápidamente a los bancos de Suiza, Luxemburgo o Jersey, a las cuentas privadas de los dictadores o de sus ministros. O es inyectado en las economías occidentales bajo la forma de participación en sociedades y en la compra de bienes y propiedades de lujo.

Pero mientras tanto, los países se endeudan cada vez más y raudo llega el Fondo Monetario Internacional con sus programas de ajuste estructural. La receta es sencilla: menos escuelas, menos sanidad, ninguna protección social, privatización de todos los servicios públicos. Pero ninguna condición de democracia, de reducción de la corrupción, de aumento de la transparencia, de reducción del gasto militar o de los abusos de la política. Nada. Seguid adelante, que esto para nosotros va bien.

Esto sucede entre finales de los años setenta y mediados de los ochenta. Resultado: a finales de los ochenta, los primeros jóvenes africanos comienzan a dejar sus países a pie en dirección Norte. Hasta ese momento, la emigración se había hecho con billete de avión o de barco. Quien no se podía permitir el viaje, se quedaba en casa, donde era aún posible un mínimo de vida digna. Tras el programa de ajuste, la vida se convierte en un infierno, y emigrar es la única solución para un número cada vez mayor de desesperados.

Lo humanitario como parte del problema

Las ONG humanitarias, aunque a menudo se han creado con buenas intenciones, son parte del problema y no de la solución. Curan los síntomas de la enfermedad sin afrontar nunca las causas. Incluso a menudo contribuyen a exasperar el mal. La dependencia es su razón de ser.

La obtención de fondos es la prioridad absoluta, y frecuentemente los proyectos están en consonancia con las exigencias de los donantes (que luego son los Estados responsables del empobrecimiento de África) más que con las verdaderas necesidades de la población. Si la tendencia es perforar pozos, se perforan pozos por todas partes, con o sin agua. Si es la construcción de escuelas, se construyen escuelas por todas partes sin ton ni son. Los fondos de las subvenciones quedan en buena parte en los países de origen para pagar los alquileres y los gastos de la ONG, para los proyectos, los estudios de campo, los sueldos de los trabajadores y de los asesores, para la propaganda.

Lo poco que llega a África es la más de las veces mal gestionado por personal sin experiencia y sin competencia que en seguida empieza a comportarse como un neocolonialista que dispone del personal local para su propio servicio. Esto obviamente no es un juicio extensible a toda la cooperación internacional. Hay ONG y misioneros serios y honestos, que desarrollan un trabajo extraordinario; pero son una minoría. Del resto, el resultado está a la vista de todos. Medio siglo de cooperación no ha hecho más que empeorar las cosas.

Para la otra parte del mundo, África se presenta como el continente indigente. El que siempre necesita ayuda de los demás. Y frente a la imagen de quien pide, pide… y no hace nunca ningún esfuerzo para salir de la pobreza, generalmente las reacciones son de dos tipos: quienes se apiadan y quieren ayudar (y estos son el objetivo de la publicidad piadosa de las ONG o de la Iglesia misionera) y aquellos que piensan que hay que ayudar menos porque estamos hartos de ayudar siempre, y estos son el objetivo prioritario del discurso conservador «ayudemos primero a los nuestros».

De los barcos negreros a las pateras de los desesperados

Estos discursos se están dando hoy ante la situación cada vez más frecuente de llegada de prófugos de las zonas devastadas del continente africano; las posturas difieren muy poco. Los hay que dicen: acojámosles por piedad, por solidaridad, por caridad cristiana…

Después están los que dicen: si debemos ayudarles, hagámoslo en su casa, pero no deben venir aquí porque se sabe que el niño hambriento roba el pan (de la gente de bien), etc. Todo esto es fruto de un discurso equívoco sobre África. África es narrada por quienes la explotan, y la imagen del continente es errónea. Parece que el parásito sea África, no las multinacionales, no los Estados coloniales y neocoloniales. Resulta que el mundo ayuda continuamente a África, cuando es precisamente lo contrario. Los flujos de riqueza hacia los otros continentes son infinitamente superiores a las migajas que vuelven en forma de créditos, ayudas, cooperación internacional, caridad y todo lo demás.

¿Qué necesita África?

Este es el relato de África que no se cuenta en los medios de comunicación importantes. No está en el discurso oficial. No está en el discurso de la mayoría de las ONG. Todos cuentan los males de África pero ninguno cuenta los orígenes de estos males. Por eso, en el imaginario de la mayoría de la gente, incluidos sus hijos, África es vista como un continente parásito.

Pero la realidad es otra. África no tendría necesidad de ayuda de nadie, excepto de sus hijos. El sistema de ayudas solo sirve para hacer más grande la deuda y la dependencia. Ni siquiera se pide la restitución de lo que le ha sido sustraído; sería incalculable.

África solo necesita que dejen de saquearla. Esto sí. Porque en ese caso tendría los recursos para funcionar sola.